Sexóloga

Cómo decir NO

4 de Noviembre de 2015 Nayara Malnero · 1 comentario

Que hombres y mujeres somos diferentes es un hecho, pero que nos empeñamos en convivir juntos y llevar a cabo las mismas rutinas y actividades lo es aún más. Os adelantaré una idea: en muchas ocasiones esto resulta totalmente inviable ¿o acaso nunca te ha ocurrido?
Os explicaré un caso típico (que bien podría ser al revés o de otro modo) como ejemplo que me ha ocurrido en consulta.

Necesito cuidar mi estilo de vida al máximo para no coger kilos de más: intento salir a correr todas las tardes después del trabajo al menos media hora y vigilo mi alimentación. No me obsesiona mi físico ni me obsesiono con cuidarme pero ¡es muy importante para mí! Lo que más me preocupa es que él no lo entienda.

Siempre organiza actividades justo en los horarios en los que sabe que yo salgo a correr y, en cada cena (que es justo cuando yo tengo que controlar más mi alimentación) no presta nada de atención a lo que comemos. Si es él el que cocina prepárate para un plato hipercalórico, si la preparo yo refunfuña porque “no como nada” o “qué más da por un poco de…”

¡Es pura tentación! Le veo a él como come lo que quiere sin engordar ¿y yo qué? Él dice que prefiere verme gordita a verme pasándolo mal por cuidarme pero yo sé que no me merece la pena, al margen de que él me vea más o menos guapa”

¿Te sientes identificada? Historias como ésta se suceden a diario, por supuesto, con sus propios detalles. Por lo general los hombres se preocupan menos por su aspecto físico y por el autocuidado, cosa que a nosotras nos han inculcado muchísimo más. Es habitual que las mujeres invirtamos muchísimo más de tiempo y esfuerzo en sentirnos sanas y bonitas.

¿Realmente no lo entienden? ¿Tan incapaces son de ponerse en nuestro lugar? La respuesta es sí, y no pasa nada por ello. ¿Acaso entiendes tú su manía por gritar los goles? ¿O su incapacidad para hacer dos cosas a la vez? Son topicazos, pero ¡tópicos reales!

Que no nos comprendamos los unos a los otros es lo natural. Como los terapeutas de pareja decimos, “hablamos distintos idiomas”. Ahora bien ¿cómo traducirle? Aquí te daré unas claves:

1. Mantente firme en tus objetivos: sea lo que sea que quieras hacer en beneficio de tu salud debes primero de tenerlo claro (ojo con esto, no debes ser tú la primera que tenga dudas) y después comunicárselo de forma simple y lo más concreta posible. Por ejemplo: “Voy a salir a correr media hora todos los días de lunes a viernes a las 18h, a las 19h estaré de vuelta para hacer lo que quieras pero esa hora es para mí ¿vale?”

2. Cada persona tiene distintas prioridades, no permitas que te juzgue ni le juzgues tú a él: ambos sois adultos y cada uno sabe cómo cuidarse mejor. Él debe respetar tus decisiones al igual que tú las de él, al margen de que os ambos os deis argumentos (respetuosos, por supuesto) para la mejora de vuestra salud e imagen. ¡Fuera apelativos!

3. Elimina tus tendencias absolutistas: generalmente tendemos a simplificar el mundo en bueno y malo, sin puntos intermedios. Ningún alimento ni ninguna rutina es buena o mala en sí misma (salvo algunos casos, por supuesto) sino que depende de cómo la llevemos a cabo, con qué frecuencia y en qué medida.

Si le dices “no como esto porque no es sano” él te argumentará hasta el infinito por qué no es así y por qué deberías animarte a “pecar con él”. Sin embargo, cuando hablamos desde el “yo tengo esta opinión” conseguiremos ser más efectivos en nuestra comunicación.

Se trata de hablar desde el “yo personal”, es decir, soy yo la que se siente así, no todo el mundo se tiene por qué sentir como yo. + Hablar desde “mi propia opinión” que no es una verdad absoluta ni tienes por qué compartirla. Por ejemplo: “Cenar pizza no me sienta bien porque me engorda y creo que tiene demasiada sal, lo que me provoca retención de líquidos. Si la quieres comer tú ¡disfrútala! Pero preferiría que no me ofrecieses, así puedo cuidarme a mi manera”

Por último, he de confesar que no puedo ayudarte demasiado a resistir la tentación de cogerle “ese pedacito de nada” de su comida. ¡Incluso para mí es dificilísimo! Simplemente, en ese momento de máxima tentación, vuelve al punto 1 para mantenerte firme y piensa en estas frases ¿es deseo o es necesidad? , el placer que me va a reportar ¿es mayor que la satisfacción de no “pecar”? ¿es a corto plazo o a largo plazo?

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1 comentario

  • Reply ale 4 de Noviembre de 2015 at 4:53 pm

    Me ha encantado el post! Me siento identificada con cada palabra! Es difícil decir NO, pero no imposible. Acabo de empezar, pero con muchas ganas, y la pregunta de “¿es deseo o es necesidad?” creo que me puede ser muy útil.
    Un saludo

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