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El cambio no deseado

25 de noviembre de 2015 Bea Ramiro · 0 comentarios

¡Buenos días! Ya ha llegado el frío, ¿verdad? ¡Abrígate bien!

Hace tiempo te hablaba de la fórmula del cambio, es decir, de los factores que influyen a la hora de decidir si te compensa cambiar algo en tu vida o no. Pero hay momentos en que ocurren circunstancias que no esperamos y que no nos gustan especialmente o que nos hacen sentir mal. ¿Qué podemos hacer con eso?

Lo primero es comprender que vas a pasar por unas fases determinadas a lo largo del tiempo (inevitablemente…) y que ante cada una, responderás más activa o pasivamente. Empezamos:

Fase 1: Inmovilidad. Te dan la noticia (te despiden del trabajo, te deja la pareja, fallece un ser querido…) y de pronto sientes confusión, desorientación, shock incluso. Tu respuesta es esta fase es muy pasiva, no tienes energía. ¿Qué puedes hacer? Escuchar activamente para poder hacerte más consciente de lo que ocurre. De momento, poco más…

Fase 2: Negación. Debido al cambio, sufres una pérdida y, por lo tanto, te sales de tu zona de confort. Ante esto, la reacción más habitual es la de decirse a uno mismo “aquí no ha pasado nada”. En esta fase lo característico es que hagas como si nada hubiese cambiado. ¿Qué puedes hacer para acelerar el proceso? Por ejemplo, escribir lo que ha ocurrido. Esto te ayudará a tener una visión realista de la nueva situación.

Fase 3: Ira. Esta es la fase en que tu respuesta es más activa. Te enfadas, muchas veces con quien te trae la noticia o contra los causantes del cambio. Sientes rabia, frustración, indignación… ¿Qué puedes hacer? Puesto que estás con enfado, estás con mucha energía- ¡es un buen momento para que hagas esas cosas que vas dejando por ahí “colgadas” por pereza! Sé que te puedes estar preguntando “¿Qué tiene que ver esto?” ¡Pues mucho! La inteligencia emocional es aprender a gestionar las emociones para que nos apoyen en la consecución de nuestros objetivos, que los alcancemos y los compartamos. ¡Pues aprovecha para construir la casita en el árbol, para ordenar el trastero o para intensificar tus sesiones de ejercicio! Total, la situación es la que es y tú estás a tope de carga… ¡pues úsala! (Con el deporte además liberarás endorfinas, el neurotransmisor que te hace sentir bien.)

Fase 4: Negociación. Quieres salvaguardar el “statu quo” y buscas beneficios que compensen tu pérdida. Utilizas maniobras “dilatorias” para seguir con la situación anterior… Es el momento de ver qué coste pagas y qué beneficios puedes obtener con este cambio, puesto que ya se ha producido y eso no puedes evitarlo.

Fase 5: Angustia. En este momento te vuelves catastrofista y, por lo tanto, poco realista. Date cuenta de la cantidad de veces que dices “todos”, “nadie”, “siempre”, “nunca”… ¿Solución? Escúchate hablar y pregúntate constantemente hasta qué punto exageras.

Fase 6: Tristeza. ¡Enhorabuena! Aunque sea un rollo sentirse triste, cuando pasas por esta fase significa que estás aceptando la situación de forma más realista- si no fuera así, no estarías triste… ¡Así que está empezando la curación! Es el momento de preguntarte qué has perdido que para ti era importante y cómo puedes encontrarlo en otro sitio. No te ancles a la persona o la situación concreta – si has perdido a tu pareja, piensa qué experiencia vivías con ella (compartir, comprensión, compañía…) y mira a ver dónde puedes tener eso sin esa persona en particular a tu lado. Lo más importante es que HAGAS ALGO con esta tristeza, que aproveches el momento, ya que si te quedas enganchad@ en esta fase, podrás pasar a la Fase 7, que no tiene por qué aparecer: es la depresión y el victimismo. Si hay depresión, debe tratarte un psicólogo o psiquiatra. (Se caracteriza porque estás totalmente sin energía, no eres capaz de salir, no mantienes el hilo de las conversaciones, duermes todo el tiempo, dejas de ir a trabajar…)

Fase 8: Asimilación. ¡Vuelve a ti la energía! Empiezas a recuperar capacidades que creías perdidas, te abres a nuevas posibilidades… ¡un momento genial para reciclarte!

Fase 9: Reconstrucción. Recuperas tu identidad y empiezas a trabajar en tu futuro.

Es posible que pases de una fase a otra y en días (¡o incluso en minutos!), que vayas y vuelvas entre dos o más fases: un minuto estás enfadadísim@, al siguiente muy triste y al rato otra vez con enfado… El motivo de que te explique estas fases es doble: que sepas que no has perdido la cordura si tu estado de ánimo parece una montaña rusa cuando ha habido un cambio no deseado, y que tengas pequeños trucos para identificar en qué fase estás en cada momento y qué puedes hacer para solucionarlo. Si has sufrido un cambio no deseado,

¡aprovéchalo para acercarte más a lo que quieres para ti en el futuro!

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