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Me perdono

20 de octubre de 2015 Dieta Sana · 1 comentario

¡Hola, hola holaaaaaaaaaaaa! ¿Cómo estás hoy, saludable?

La última vez que estuvimos en contacto te hablé de la culpa y te contaba que podías renegociar contigo mism@ tu nivel de exigencia. Pues bien, hoy quiero ir un pasito más allá.

La culpa es una carga emocional que se genera cuando de forma repetida no cumples con el ideal que te has marcado. Si solo ocurre una vez no llega a nada, pero si una y otra vez te fallas (sí, sí, tú a ti mism@, ¡a nadie más!), entonces empieza a sentirse la culpa de una forma muy pesada. Confieso que esto me pasaba a mi cuando llevaba siglos diciendo que iría al gimnasio y aun habiendo pagado, no me conocían la cara…

El modo de empezar a perdonarse es comprender. Esto significa darse cuenta de las necesidades que tienes y de los valores que entran en juego, que hacen que hagas unas cosas y pospongas otras.

Así funcionaba la cosa: yo me prometía que la semana que viene empezaba. Llegaba la semana y estaba tan cansada que buscaba cualquier excusa para no ir: tenía que planchar, regar las plantas, hacer llamadas de teléfono que tenía pendientes desde hace tiempo, empezar un libro nuevo… ¡tantas cosas por hacer…! Hasta que un día comprendí que en aquel momento de mi vida tenía más necesidad de descansar entre viaje y viaje que de ponerme en forma (pero podía haber tenido necesidad de divertirme, o de vaguear… cualquier necesidad es igual de válida, ¡ojo!).

También es cierto que mi grado de exigencia con el tema era alto, porque no me planteaba “ir hoy” al gimnasio, sino que en mi interior entendía que esto suponía “empezar a ir al gimnasio”, es decir, “para siempre a partir de este momento”. Y claro, para alguien poco habituado a hacer ejercicio, esto supone una losa demasiado pesada. Al comprender mi necesidad de descanso, renegocié alternativas de las que ya te hablé hace tiempo: me propuse el mini-reto de subir a casa por la escalera (vivo en un tercero). Esto no me quitaba tiempo de descanso y era suficiente como para hacerme pensar que algo diferente estaba haciendo. Al ir cumpliendo (y muchas veces no lo hacía por olvido, no por pereza), fui creyendo más en mi misma.

Después me propuse ir al gimnasio un día y hacer solo los ejercicios de calentamiento. Pero claro, ya que estaba allí, me liaron los monitores para que hiciera un poco más… Y volví a casa sintiéndome tan bien… que me propuse otro día más. Y poco a poco fui confiando más en mi voluntad.

Cuando comprendes cuáles son tus necesidades del momento, que además no puedes cambiar, eres capaz de aceptarte a ti y de aceptar la situación. Solo entonces podrás ser capaz de perdonarte por no haber cumplido.

Así que, a modo de resumen, para perdonarte cuando no cumplas, comprende tus necesidades más profundas del momento, eso te llevará a la aceptación y de ahí al perdón. Dicho esto… si estás leyendo este post en esta web, es porque algo de interés tienes en estar más saludable, ¿verdad? Entonces recuerda: ponte retos que sean solo ligeramente más altos que tu nivel de aptitud y prémiate cuando los cumplas. ¡A por ello!

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1 comentario

  • Reply Anita JG 20 de octubre de 2015 at 9:46 am

    Eso me pasaba a mi. Me marcaba metas que estaban lejos de la realidad. Asi que ahora marco metas chiquititas y cuando las cumplo y mantengo añado otro reto mas…poco a poco se consigue mucho!!!

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    Dieta sana y ejercicio