Mary Wilson

Objetivo: 10 kilos

Plazo: El necesario para no volver a cogerlos

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Progresómetro: Estoy consiguiendo objetivos

Lo confieso: me gusta mucho comer. ¿Qué digo? Me encanta comer. De todo. Y de todo lo que no es ligero que digamos. Y claro, generalmente, eso suele llevar a engordar. Es un hecho. Y ya lo dijo Grande Covián la única comida que no engorda es la que se queda en el plato. Y en el mío, no suele quedar nada. Es más, si queda, se rebaña con pan.

Es también un hecho que ni Dios ni la naturaleza me han bendecido con esa constitución que permite comer de todo y a todas horas y no coger ni un gramo, así que si echo la vista atrás apenas recuerdo momentos en los que no haya tenido que “tener cuidado” para no terminar redonda como una pelota.

Desde hace unos años, he ido cogiendo unos kilitos cada año. Al principio, te dices a ti misma: “bah, dos kilos me los quito yo con la gorra”. Pero al final, nunca te pones la gorra, los dos kilos se reproducen en progresión geométrica y cuando te das cuenta, te subes a la báscula y ¡horror!, hay un número más en la fila de las decenas.

Pasas a ponerte digna en plan Escarlata O’Hara, “a Dios pongo por testigo”, pero al revés porque hambre, lo que se dice hambre, es lo que te va a tocar pasar a partir de ese momento. Y necesidad. Mucha.

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Al final, después de darle muchas vueltas (y mucho lamentos), llegas a la conclusión de que necesitas un cambio. Como de momento no resulta muy factible que te pongan a ti el de Cindy Crawford en un abrir y cerrar de ojos, optas por un cambio de hábitos. No, no nos referimos a ponerse los mismos e ingresar en un convento para que la vida espartana esfume esos kilos de más… Un cambio de hábitos de alimentación y vida más sanos y estables que eviten esos sustos con ese instrumento del diablo que es la báscula.

Este año, entre los múltiples propósitos del uno de enero he incluido ese mismo: llevar una vida más saludable en cuanto a alimentación y ejercicio. He vuelto a sacar las zapatillas de correr (me ponen ojitos todos los días) y he vuelto a engancharme. Y estoy retomando costumbres alimenticias sanas, que en realidad no sólo me están quitando esas arrobas que me sobran, sino que me hacen sentir mucho mejor físicamente.

Así que cuando Carmen montó este blog y me dijo que contaba conmigo, sólo pude darle las gracias: primero porque la admiro un montón y me hace mucha ilusión compartir con ella esto; y segundo porque es una forma más de motivación en mi cruzada contra los michelines. No soy ejemplo de nada (para esto de la alimentación como os he dicho más arriba mucho menos), pero quisiera compartir a través del blog mis recetas, ejercicios, trucos… para que esto sea más fácil. La mejor manera de vencer la pereza y las tentaciones es formar un “ejército”… Te apuntas?