En el post anterior te proponía que escribieras los hábitos que tienes ahora, durante una semana. ¿Lo has hecho? Si es así, ¡enhorabuena! Y mi pregunta es: ¿te has dado cuenta de algo que no sabías? ¿Has confirmado algo que sospechabas? ¿Exagerabas al decir que comías fatal, o por el contrario has visto que en realidad no lo haces tan mal? Espero que el haber hecho este ejercicio te haya dado algo de luz… Tenemos tendencia a pensar las cosas y creemos que por eso lo tenemos claro. Pero escribirlo o incluso decirlo en alto facilita que lleguemos a determinadas conclusiones, que si solo mantuviéramos en la mente, se nos escaparían.
Si no lo has hecho… Mmmm… Bueeeeno, vengaaaaa, tienes otra oportunidad para hacerlo esta semanaaaaaa…
Hoy quiero hablarte de la META. Ya Guille, nuestro coach deportivo, nos contaba en su post que debes fijarte pequeñas metas. Y esto tiene mucha “chicha”, más allá de lo que ahora puedas pensar… ¿te la cuento?

Por nuestro nivel de exigencia, muchos de nosotros tenemos tendencia a fijarnos metas que, de momento, nos resultan en el fondo inalcanzables. Siguiendo el ejemplo de Guille, ¿te pondrías a correr pensando que vas a hacer una maratón, si nunca antes has hecho ejercicio? ¿Cogerías mochila y empezarías a escalar el Everest, así, sin previo calentamiento? Si te preguntasen si puedes ir caminando desde tu casa hasta China, ¿saldrías por la puerta? Esto es lo que nos ocurre cuando nos fijamos metas muy altas – de forma inconsciente, cuando pensamos que algo no va a ser alcanzable, ¡ni nos movemos! ¡¡Pero es que no damos ni el primer paso, vamos!! (¿Recuerdas a aquella persona que te encantaba a los 17 años? Si desde el principio pensabas que no tenías ninguna posibilidad, ¿hacías algo al respecto? ¡Pues eso! Ahora, si creías que había algo de esperanza, al menos una intentona ya harías…) Si te propones subir a casa por las escaleras durante una semana, la cosa cambia… o incluso, bajarte un piso antes del tuyo y subir ese “a pata”, si es que subir todos los pisos te resulta demasiado de momento…
Pues bien: el hecho de fijarse pequeñas metas y cumplirlas tiene unos “efectos secundarios” muuuuuuy chulos… sube nuestra autoestima e incrementa nuestro nivel de energía. Sí, así, ¡directamente! Esto hace que no necesitemos tanto el reconocimiento externo, sino que seamos capaces de confiar más en nosotros mismos, independientemente de lo que opinen los demás.
¿Qué aún no te sientes capaz de empezar con la dieta saludable y/o el ejercicio? Pues no te pierdas el siguiente post, en el que te propondré ejercicios alternativos tan sencillos y fáciles de llevar a cabo, que no podrás decir que no. ¡Hasta pronto!



0 comentarios